lunes, 21 de marzo de 2011

PÍRAMO Y TISBE


Píramo era un joven apuesto y Tisbe era una bella doncella. Ambos vivían con sus padres en casas contiguas y la vecindad fue uniendo a los jóvenes hasta que acabaron por enamorarse el uno del otro. Aunque su amor era grande los padres de ambos estaban en desacuerdo con dicho amor. Por este motivo la pareja sólo podía verse a través de una grieta que había en la pared que unía las dos casa. Como no podían hacer nada por esa grieta, solo podían hablar, hasta que un día decidieron actuar y quedaron en el sepulcro del Nino para conocerse en persona. Tisbe fue aquella noche al sepulcro, como le había prometido a Píramo, pero cuando llegó él aún no había llegado. De repente, un león apareció tras la morera y Tisbe huyó rápidamente, del sustó perdió el pañuelo que llevaba en el cuello y el león al verlo se abalanzó sobre el destrozando y tiñéndolo de sangre.  Después de esto, Píramo llegó y vio las huellas del león y el pañuelo ensangrentado de Tisbe en el suelo. Al ver esto Píramo creyó que su amada había muerto devorada por el león y recogió el velo cubriéndolo de besos y lagrimas. Entonces al no poder vivir sin su amada sacó su espada y se la clavó en el pecho. Más tarde llegó Tisbe desesperada y muerta de miedo por el ataque del león, y vio a su amado muerto en al árbol que habían quedado. Al verlo pensó que su amor era tan fuerte que se iría con Píramo al otro mundo y cogió la espada con la que su amado había perdido la vida y se la clavó, cayendo muerta al lado de su amado. La sangre de ambos tiñó de rojo las blancas moras del árbol al penetrar en la tierra y alcanzar sus raíces, tiñendo así el color de sus frutos.

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